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18 feb. 2013

El secreto.


Estábamos todos alrededor de aquella fogata, pensativos.
¿Qué había pasado exactamente?, la realidad estaba a la vuelta de la esquina y ya nos daba miedo seguir, pero lo que había pasado ya no tenía vuelta atrás, estaba hecho.
Los recuerdos de las paredes rojas, el suelo negro y encharcado, con un reflejo rojizo…todos teníamos miedo, en algún sentido.


Íbamos de camino al instituto, Sheila y yo, cuando Edrian se acercó a nosotras de la nada, evité mirarle culpándole de ser el responsable de muchos de mis peores recuerdos, había tenido pesadillas desde aquella noche y habían pasado dos días desde aquello.
-Tenía que hablar con vosotras sobre algo-dijo andando a nuestro paso, la verdad era que habíamos sido amigos desde primaria pero desde lo que pasó, Sheila y yo nos habíamos estado distanciando de el y Nial, se podría decir que nos daban miedo.
-Pues habla-dijo Sheila recogiéndose su melena en una alta cola intentando ocultar su propio nerviosismo, era rubia y tenía unos ojos claros envidiables además de un carácter rudo por naturaleza.
-Aquí no-dijo dando a entender sobre qué iba a tratar la conversación, dentro de mi estaba reteniendo demasiadas sensaciones frustrantes -A las nueve menos cuarto en el puente-dijo Edrian, quería decirle que no, que no íbamos a seguir, que no queríamos tener nada más que ver pero sabía que Sheila era incapaz de negarse a cualquier cosa que nos propusiera el.
-De acuerdo-aceptó Sheila entre arrepentida y complacida.
Edrian nos sonrió a ambas con amabilidad y entró antes que nosotras al instituto. ¿Por qué siempre me callaba y no decía nada sobre lo que pensaba?
-Cada día me pongo más nerviosa-admitió Sheila, me mordisqueé el labio nerviosa.
-Y yo.

Esa misma noche decidí ir, tenía que reconocer que aunque no lo hubiese elegido, había entrado y de alguna forma, me habían metido a la fuerza dentro de esta pesadilla.
Cada paso que daba estaba más cerca del lugar donde habíamos quedado. Todo estaba sumido en una oscuridad demasiado densa, algo iba mal, lo sabía.
Una pequeña luz me advirtió de que alguien ya estaba allí, cuando me acerqué más comprobé que en realidad solo estaba Nial. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Todo había sido por el, y sin embargo, era el mismo el que menos lo aparentaba, con un aspecto amable y agradable que sinceramente, me había mantenido enamorada de el por años, nadie se esperaría nunca que el fuese el punto donde más cerca pudieses estar de la oscuridad.
El recuerdo de Nial, en medio de aquel charco enorme y rojizo, tirado y muerto.  Después como si nunca hubiese muerto, volvía a levantarse aturdido.

¿Seguía amándole después de ver aquello?
-Hola-dijo el sonriéndome y la misma sensación de amabilidad que siempre traía con el me tranquilizó. Seguía siendo el, o por lo menos, lo parecía.
-Hola Nial-lo saludé y me senté en frente de él, una pequeña fogata nos separaba.
-Te veo un poco tensa-dijo el-en realidad desde que…-buscó las palabras correctas-ocurrió aquello estás tensa todo el tiempo-terminó la frase.
Nial era moreno y siempre tenía una sonrisa en su cara, no podía encontrar ningún momento difícil en el que él no me hubiese sonreído amablemente, menos en ese mismo momento. Era la primera vez que no lo veía sonreír, era la primera vez que me transmitía tanta hostilidad. Me quedé petrificada
-Nunca lo imaginé-dije refiriéndome a lo que vi aquella noche, ¿qué eres?, pensé.
-Ruth, no puedes decírselo a nadie, quiero confiar en ti y debes mantener esto en secreto-me dijo, mi sangre pareció helarse por un momento, ¿dónde estaban los demás?, empezaba a pensar que había planeado esto para que estuviéramos solos.
-En lo último que pienso es en contarlo por ahí-le dije un poco molesta por su aparente falta de confianza.
-Bien-dijo satisfecho después de escucharme y volvió a sonreír. Lo observé molesta, no era el chico que yo conocía, me había engañado con su amable apariencia durante todo este tiempo.
-¿Era de esto de lo que queríais hablar?-le pregunté.
-Si-respondió, miré el fuego, después de levantarse de entre la oscuridad me miró. Aquel recuerdo se abrazaba con fuerza a mi memoria.
-¿Y solo a mí?, ¿por qué invitasteis a Sheila también entonces?-pregunté molesta.
-Pensaba que no vendrías si pensabas que Sheila no iba a venir también-admitió el mirando hacia otro lado.
-¿Huir?, ¿por qué?, ¿acaso esto es peligroso para mí?-le dije poniéndome nerviosa.
-Ahora sabes que no soy quien creías que era-murmuró el, el pelo le caía por los ojos, era moreno y en la noche se veía aún más oscuro. Aquellas palabras me hicieron entrar en razón.
-Ahora estoy segura de ello-dije sonriendo cínicamente y levantándome-No quiero tener nada más que ver contigo-dije fríamente. Había encontrado al verdadero Nial, escavando en mi corazoncito.
-¡Espera!-le escuché decir a la vez que se levantaba y me seguía-no me traiciones, Ruth-me agarró la muñeca-yo jamás te haría daño.
-¿Y a los demás?-dije deshaciendo su agarre y eché a correr por el largo y oscuro pasillo. Escuché como el también corría detrás de mí, sentí un escalofrío húmedo en la espalda.
El viento me golpeaba en la cara como si estuviese de parte de Nial. El corazón me dio un vuelco cuando me tropecé con una piedra y caí al suelo. Me quedé clavada allí. Todos los recuerdos de aquella noche vinieron a mi mente asustándome aún más.
 Edrian empujando a Nial entre risas y de pronto, un golpe seco y gritos míos y de Sheila entre el horror y estupor que sentíamos. Qué ingenua había sido pensando que Nial había muerto al golpearse, ¿la explicación que nos había dado?, que no era humano.
-Lo siento Ruth, no puedo confiar en ti-dijo Nial fríamente detrás de mi nuca.
Incluso sin verle sabía que en ese momento no estaba sonriendo. Mi respiración estaba acelerada después de haber corrido con todas mis fuerzas, el en cambio respiraba con normalidad. Sentí sus manos agarrándome del pelo para que le mirase, pese a mi oposición a moverme, me giré.
-Siempre fuiste inútil, me llamabas la atención porque pensaba que en realidad tenías un carácter fuerte- tomó aliento antes de seguir-pero parece que me equivoqué contigo.
-Te odio-dije solamente, sus ojos se estrecharon un poco mientras me miraba a los ojos.
El sonido de una navaja abriéndose rebotó entre nosotros. No cerré los ojos, quería mirarle fijamente. Ser fuerte en esto, en mi propio final y  hacer que mi mirada permaneciera en su mente para siempre, torturándole.
Noté como me apuñalaba en el estómago. Intentaba separarlo de mí pero no podía, su fuerza era sobrenatural. ¿Mi último recuerdo?, como la navaja caía al suelo rebotando a mi lado, mi propia sangre cubriendo el suelo y los pasos de Nial mientras se alejaba de mi lentamente y sin prisa, sin mirar atrás.

La Luna estaba allí cuando abrí los ojos. Yo estaba tirada en el suelo y los recuerdos me llegaron con demasiada brusquedad. La mano de alguien me ofrecía ayuda para levantarme, antes de mirar quien era me levanté por mí misma.
-A partir de ahora eres Rina Gisbert -dijo aquel hombre, era alto y grande, con voz grave, ¿era esto el principio de una nueva vida?-Y buscas venganza-añadió con una sonrisa.
-Me parece bien-acepté.
Me sentía más viva que nunca, con una nueva llama de vida dentro de mí. Una llama llamada venganza.

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