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25 feb. 2013

Pacto con el diablo.


Ella estaba allí, era de noche y sin miedo de ensuciarse el pelo dejaba que todo su cuerpo descansase en las viejas tejas del techo de su casa. La luna parecía una sonrisa, y aunque el viento no soplaba, el frío te calaba hasta los huesos. Ella permanecía allí sin ninguna sensación parecida al frío, perdida en su nostalgia.
-“Pensaba que eras diferente”-recordó ella las palabras de él.
-“Yo nunca dije que lo fuese”-había admitido ella.
El cielo era azul marino y cada vez aparecían más estrellas que hacían compañía a la luna. Ella sonrió a la vez que se le escapaba una lágrima.
Ya no había vuelta atrás, no había ni siquiera punto muerto o una máquina del tiempo, nada, la decisión tomada ahora pesaba.
-Luzbel-susurró ella, su voz rebotó entre el aire y la tierra, un remolino se formó en el cielo. Apareció un dios, su alma gemela, su fin y su principio. Unas alas negras de murciélago se extendieron en el cielo tapando la luz de la luna. Ella no pudo evitar dejar escapar un suspiro, su sonrisa se volvió repentinamente malvada y empezó a reírse.
Risas del demonio.

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